¿Después de un largo tiempo, te imaginas buscar a tu primer amor, a ese que consideraste como el amor de tu vida y sólo quieres pedirle perdón por un error que hiciste en el pasado?

Esta la historia de Jorge Laporte durante cincuenta aun lo persigue la culpa por haber dejado a una bella joven antes de llegar al altar: “La hice sufrir”, comenta.

 Jorge tiene 74 años de edad y aun espera poder reencontrarse con su primera novia Estelita y así arreglar las cuentas pendientes. Una historia que ocurrió en Buenos Aires, Argentina.

«Fue en la última semana que ese sentimiento se volvió más intenso: sentí una necesidad muy grande de reparar el daño que había hecho», recuerda Jorge.

Jorge ya es un hombre con esposa de 63 años de edad de nombre María Rosa y tuvieron dos hijos, Tamara y Hernán, que le dieron seis nietas mujeres: “Yuli, Dana, Valentina, Guadalupe, Uma y Martina”, aun así, no ha podido cerrar el ciclo que vivió con su primera novia, a quien dejó plantada en el altar.

Pero, ¿en qué momento surgió el recuerdo de aquel amor? Todo inició por una broma que hicieron entre Guadalupe, una de sus nietas y su mujer María Rosa, donde la empezó a simular ser la primera novia de su abuelo escribiéndole por mensajes.  Fue en ese momento en que Jorge recordó todo el daño que le hizo a Estelita.

Yuli, su nieta mayor y su máxima confidente, le ayudo a buscarla en Facebook y le envió un mensaje privado. El domingo en la noche al abuelito se le ocurrió un poema inspirado a Estelita y se lo mando.

«No verte es morir desangrando lentamente, pensando que quizás te tenga pérdida para siempre se me hierve la sangre y me deja de latir el corazón. Si no vuelves, no importa, ya estás en mi corazón», dice el corto poema.

Tras a ver contado su historia de amor, su nieta le empezó ayudar para cerrar el ciclo y buscar quien fue su primera novia. Y subió una captura de pantalla del mensaje de amor en Twitter y se hizo viral.

-¿Cómo se conocieron con Estelita, aquel primer amor?

-Yo trabajaba en una fábrica de zapatos, era el encargado y le dije al dueño que teníamos que subir la producción. Entonces tomamos una chica que vivía a tres cuadras, tenía 18 años y se llamaba Estelita.

-Y ahí nomás se enamoraron…

-Sí, rápido. Pero antes le enseñé el trabajo. Nos empezamos a llevar bien, a gustarnos. Hasta que un día la invité a salir. Pero no fue fácil, en aquella época tenías que recibir el permiso de los padres, y la madre me mandó a decir: «Si querés salir con mi hija, tenés que venir a mi casa». En una semana me tenían cenando día por medio con la familia.

– ¿Recuerda la primera salida?

-Sí, fuimos a una pizzería que se llamaba Clavel en la estación de Lanús. Ella tenía 16 y yo 21. Todo muy romántico. Yo empilchaba bien, tenía un auto deportivo… En esa época ganaba muy buena guita y me iba muy bien con las mujeres.

– ¿Se comprometieron rápido?

-Claro. Estábamos tan enamorados que al año salió la conversación y nos dimos cuenta de que teníamos ganas de casarnos. Yo estaba muy enganchado, también. Compré dos alianzas italianas y le regalé un anillo de siete brillantes. Después fui comprando la cocina, los muebles… ¡y estaba guardando para comprar un departamento! Si se hubiera enterado…

– ¿Y qué pasó, Jorge?

-Pasó que me arrepentí porque la pasaba muy bien. Corría la década del 60 y yo, con 20 años, era el único que tenía un auto deportivo. Era muy bolichero, salía todas las noches, pero nunca me drogué, ojo. Me tomaba un whisky y me iba al bowling. El problema es que cuando la dejaba en la casa, me esperaba una amiga a la vuelta de la esquina. Le decía que me dolía una muela y la verdad era que me había ido con otra chica.

– ¿Siente que le hizo mucho daño?

-Sí, el día que le dije que no me iba a casar fue muy feo. Yo me había ido de la fábrica y la fui a buscar. Le dije allí que no quería casarme y ella comenzó a llorar. Me pegaba en el pecho, gritaba. Después me vino a buscar el hermano y confesé: «No le puedo hacer eso a Estelita, soy un mujeriego. Ella necesita algo mejor, alguien normal». Espero no haberle arruinado la vida.

– ¿La sueña?

-La soñé cincuenta años, me la imaginaba en lugares. Por eso la quiero encontrar y pedirle perdón. Ojo que ya no quiero nada con ella. Por eso mi mujer me apoya, sabe que lo único que pretendo es saldar una cuenta.

– ¿Y siguió siendo un salidor o se curó?

-Me casé con María Rosa hace 46 años y nunca más estuve con otra mujer. Yo ya había vivido todo cuando la conocí, en cambio ella no, tenía apenas 16 años. Nos casamos a mis 28, ya las había hecho todas y aprendí la lección, por eso ella se tomó tan bien esto que ahora necesito hacer. Eso sí, hace unos días, cuando vio la magnitud que había cobrado el tema se embroncó un poco y no me quiso hacer un té: «Qué te lo haga Estelita».

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